2018/06/04 Política

Tarifas, juego de tramposos que despierta internismos sin fin

Argentina
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En la semana diputados y senadores confrontarán por dos dictámenes.

La trama de las tarifas les plantea a los protagonistas el mismo dilema que le hizo preguntar a Cantinflas: "¿Esto lo arreglamos como caballeros o como lo que somos?".

Este capítulo de la campaña para 2019 comenzó durante el fin de semana como un minué de caballeros y cerrará el miércoles en el Senado en una gresca de como lo que somos.

El oficialismo y la oposición confrontarán en una votación dos dictámenes: el que votó diputados -congelamiento de aumentos a noviembre de 2017 de tarifas que sólo podrán actualizarse por salarios, etc.- y el de Cambiemos, que baja el IVA a las facturas durante un año.

El final es incierto porque el debate, que es estrictamente político, ha desatado los demonios del internismo en el oficialismo y la oposición.

Los boqueteros de uno y otro lado se desvelaron en el fin de semana largo para alcanzar algún acuerdo que preserve el prestigio de todos, y los presente en la vidriera como quienes bajaron las tarifas en un país de inflación ascendente.

Ese esfuerzo se hace en la clandestinidad porque en tiempos electorales nadie quiere aparecer sin fuerzas, cediendo, una contradicción con la esencia de la política, que es transigir.

Los tiempos de campaña son de acumulación de fuerza y los dirigentes necesitan mostrarse musculosos e inmunes a los anticuerpos.

El pacto Macri-Urtubey

En el primer paso de minué, Juan Manuel Urtubey pidió un libreto para ir el lunes a la cita con Mauricio Macri.

Del Senado, que domina Miguel Pichetto, le llegó el proyecto de baja del IVA con cargo a Nación y las provincias que adelantó este diario en la columna "Avant première" del lunes.

En la charla con el Presidente, Urtubey le agregó otra demanda de los gobernadores, entre ellos el cordobés Juan Schiaretti, de que los subsidios a Aysa, Edenor y Edesur salgan en delante de las provincias donde prestan servicios (CABA, Buenos Aires).

Urtubey pareció conmoverlo a Macri con su rechazo al proyecto de los diputados de todas las tribus que él prometió vetar si llega a ser ley.

El Presidente le dijo que trabajase para un acuerdo en temas que antes les había negado a los radicales y peronismo amigo de los federales -baja del IVA- y que no le gustan a Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal -que les pasen los subsidios las tres empresas. Estos buscan preservar su tesorería y en todo caso entregar esa caja a cambio de alguna concesión de la oposición que justifique tamaña erogación.

Pícaros, ni Pichetto ni Diego Bossio firmaron los proyectos para ese traspaso. Este para no herir a su distrito y el senador, para no pelearse con José Luis Lingeri, sindicalista lo visitó el miércoles junto a otros cegetistas: ve amenazada una construcción de décadas que mezcla agua con obras sociales, dos líquidos elementos.

Inaudito: Cambiemos presentó un proyecto de Pichetto

Cuando esa oferta de negociación llegó al Senado, el bloque de Pichetto se cerró con desconfianza.

Era el acuerdo de un gobernador que quiere mostrarse como presidenciable. También venía con los papeles flojos porque en Diputados sólo había habido amenazas de veto a cualquier propuesta opositora.

Los senadores respondieron que la única manera de considerar el proyecto de baja del IVA era que el Gobierno no hiciese suyo. De las oficinas del ministro del Interior Rogelio Frigerio cedieron a eso con tal de salvar la palabra presidencial.

Fue algo inaudito en política y más en un punto tan controvertido entre oficialismo y oposición como son las tarifas.

Si el mismo proyecto le vale lo mismo a oficialismo y oposición, ¿por qué disputan?

Clarito: porque a nadie se le escapa que esta puja no tiene nada que ver con la luz, el gas o el agua, ni con la caja ni con el déficit o los subsidios. Es una pelea política preelectoral en que se usa un tema delicado y de alta incidencia en la opinión pública para sacarle ventajas al adversario.

Por eso a Cambiemos le viene bien un proyecto como el de Pichetto, y más si lo captura, lo da vuelta y dispara contra el propio peronismo que lo elaboró.

Peronismo es todo lo que se divide por dos

Eso explica también que el peronismo lo tomase con reservas.

Pichetto tiene una condición difícil de sostener. Es el CEO del peronismo federal, pero no es cacique ni tiene territorio. Tampoco tiene fácil una reelección como senador por Río Negro, dominado en el peronismo por los hermanos Soria, dos cristinistas que nunca compartirían lista con él.

El protagonismo que tiene en el Senado genera celos y más cuando aparece en una tarima junto a Urtubey.

Imaginan algunos que esa puede ser una fórmula presidencial, con el salteño de 1 y él como vice. Paga además su cercanía con Sergio Massa, que también pretende un puesto competitivo en las presidenciales del año que viene.

Por eso nadie se la hace fácil a Pichetto en el peronismo. El escenario que se hace el Gobierno es que ya hay tres peronismos en los que reparten gobernadores y legisladores. Uno está dispuesto a acompañarlo a Macri y admitir sus iniciativas sin oponerse mucho porque creen que pueden esperar a después de 2019. Un segundo grupo quiere dar pelea el año que viene y alinea a los gobernadores como Urtubey o Schiaretti, creen que hay que mostrarse negociadores, sentarse a charlar pero al final, ni agua para el Gobierno. El tercer sector es el peronismo del bloqueo que conduce Cristina de Kirchner: ni agua ni sentarse a conversar.

En esa tensión el bloque tiene un delicado equilibrio y una jugada que lo ponía a Urtubey en una foto de privilegio como autor del acuerdo empeoraba todo.

Más cuando Urtubey tiene en su hermano Rodolfo a uno de los senadores de más peso en la bancada. Un orgánico, ojo, que no va a sacar los pies del plato.

Pichetto goza en la intimidad que el Gobierno presente un proyecto suyo, pero sufre porque si lo admite en público rompe más aún al peronismo de Congreso.

Durán Barba advierte sobre Carrió

El mismo martes cuando se firmaron los dictámenes, Urtubey almorzó junto a los organizadores del acto que compartiría esa tarde con Pichetto en el palacio San Miguel.

Fue en el comedor de sindicato de los organismos de control que maneja Hugo Quintana. Pichetto no asistió, pero estaban los organizadores del autodenominado Movimiento 21, entre ellos Oscar Lamberto, Eduardo Camaño, Eduardo Rollano, Jorge Remes Lenicov, Marcelo López Arias y Miguel Toma. En ese encierro Urtubey trató de “mamarracho” el proyecto de los diputados.

También es un mamarracho, dijo, el esquema de tarifas del Gobierno. En ese almuerzo hablaron todos, entre ellos Toma, quien venía de otro almuerzo con el pollster oficial Jaime Durán Barba.

Habló con ciencia sobre la coyuntura política, pero cuando le preguntaron sobre qué había escuchado del ecuatoriano admitió que bien poco.

Ese condumio había ocurrido en el restorán del palacio Duhau y estaba de testigo y embajador en Madrid Ramón Puerta.

Duró cuatro horas y Durán eludió hablar de política local; con cintura e imaginación llevó la charla hacia otras comarcas del planeta, como Ecuador y México, pero sin abrir la boca sobre la Argentina.

Lo único que transmitió, casi una queja, fue que él cree que Elisa Carrió lo va a abandonar (usó, en realidad, un criollismo que me afea la prosa) en algún momento a Macri, aunque el Presidente cree que eso no ocurrirá jamás.

Radicales piden algún gesto de cariño

También en Cambiemos de Diputados piden algún gesto cariño.

Si Macri iba aceptar el proyecto de Pichetto de baja del IVA en tarifas, compartido con los gobernadores, ¿por qué no les avisaron así presentaban también ellos un dictamen de minoría?

¿Qué les costaba darles algún rol en esa martingala?

El lunes, mientras el interbloque de Cambiemos del Senado escuchaba al ministro de Energía Juan José Aranguren, les llegó a los legisladores del oficialismo que existía la posibilidad de algún acuerdo, pero que no debían decir nada. Los dejaban afuera de la foto.

Esa misma consigna recorrió esa noche las mesas de la cena de Conciencia en el Sheraton, por las que repartían protagonistas de esta trama como Frigerio, Urtubey, Massa, Negri.

Mereció comentarios más abiertos el incidente que había ocurrido esa tarde cuando Aranguren les dijo que una buena noticia era que había ganado 60 días para las naftas.

¿Sorry?, lo interrumpió uno para que aclarasen.

Sí, dijo Juanjo, porque entre julio y diciembre van a tener que aumentar un 4% por la suba de costos y del precio internacional del petróleo.

Eduardo Costa, de Santa Cruz, ironizó: “Acá lo que nos preocupa es el día 61”.

El ministro salió por la tangente -con perdón de la palabra- con el argumento de que él venía a estudiar, no a hacer política.

Ángel Rozas, que cumple allí el rol de rompedor, se exaltó, aunque con suavidad: ¿Usted cree -dijo, palabra más, palabra menos- que el presidente Macri puede anclar un proyecto de reelección en un plan como este? No sea que tengamos después que ir a buscarnos un avión para disparar.

Todos prefirieron reír y pasar a ora cosa. Este Ángel…

París bien vale una misa

Muy apropiado para la fineza de estas negociaciones que ocurran offshore, o in partibus infidelium, que es como llama la Iglesia a las diócesis que están en tierra de infieles.

Uno de los grandes sueños argentinos, que es el ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en estas horas tiene una oportunidad porque el board de esa organización tiene en sus manos la llave para que el país ingrese al período "de la probación", como diría un jesuita.

Es como aprobar el ingreso al colegio para comenzar la cursada. Tiene las maletas preparadas para salir el lunes hacia París un grupo de funcionarios que incluye al canciller Jorge Faurie y, si puede, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, cuya cartera comparte la negociación por la OCDE.

En ese avión entrarán los líderes del Congreso de todos los partidos, o casi.

Suben Emilio Monzó, Mario Negri, Pablo Kosiner y Graciela Camaño. Se disculpan el jefe del Pro Nicolás Massot, por razones familiares, y el cristinista Agustín Rossi, también con argumentos privados.

Claro que la presencia de este cruzado tercerista desentonaría en la OCDE, que es la capital de la ortodoxia.

Esa organización es el club de las buenas prácticas económicas, que son la que quiere aplicar el gobierno de Macri para sepultar el ciclo peronista.

La fecha es letal para los senadores; varios recibieron invitación para ir a París, pero es una semana clave por las tarifas. Quien se ausente estará mostrando una señal de insolidaridad con su bloque en el tratamiento de una ley bisagra.

Paris vaut bien une messe ("París bien vale una misa"), le hicieron decir a Enrique IV a cambio de reinar en Francia.

Por Ignacio Zuleta
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