2018/03/26 Política

DE TORMENTAS A TSUNAMIS

Argentina
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"CON UNA JUSTICIA INDEPENDIENTE, SERIA Y RÁPIDA, TODO SERÁ POSIBLE; SIN ELLA, NADA LO SERÁ"

Cuando la semana pasada escribí sobre las tormentas judiciales, no
supuse que se convertirían en un violento tsunami que sacudiría hasta
el sótano el siniestro edificio de Comodoro Py, donde se aloja el fuero
más complicado y cuestionado de la Justicia argentina, el Penal
Federal.-

Y no es para menos ya que, por primera vez, la Corte Suprema de
Justicia, por unanimidad, pidió al Consejo de la Magistratura nacional
que investigue la forma en que fue designado, para completar
transitoriamente la vacante que existe en la Sala I de la Cámara
Federal de Apelaciones, hoy integrada por Jorge Ballestero y Leopoldo
Bruglia, a Eduardo Farah. Para quienes no son abogados, o no están
enterados de los entresijos de la corporación, tal designación hubiera
debido ser hecha por sorteo, pero Ballestero lo evitó con un retorcido
argumento formal.

El alto Tribunal sospecha, aunque en el pedido no fue expresado, que
hubo alguna mano negra actuando ya que, cuando fue resuelto el caso
Cristóbal López, Fabián de Souza y Ricardo Echegaray, el sorprendente
fallo favorable a estos delincuentes fue firmado por Ballestero y Farah,
mientras que Bruglia votó en contra.

Los jueces resolvieron revocar la prisión preventiva que afectaba a los
dos primeros y, lo que es muchísimo más grave, cambiar la carátula
del expediente, transformando por arte de magia judicial un delito claro
de defraudación en otro por evasión fiscal. El fallo será apelado la
próxima semana pero, si fuera confirmado por la Cámara de Casación
Federal, permitiría a López y De Souza obtener nuevas moratorias a
largo plazo y baja tasa de la DGI y terminar, de ese modo, con la causa
penal que los involucra; Echegaray, en ese caso, quedaría fuera de la
investigación.

Se los acusa no de evadir, es decir, no pagar al Fisco lo que le
corresponde legalmente, una conducta reprochable en la que incurren
muchos conciudadanos, sino de no transferir a la AFIP los impuestos que
cada automovilista pagó al momento de cargar combustible en las
estaciones de Oil, de la que son dueños estos verdaderos caraduras, y
en los que la empresa sólo actuó como agente de retención. Es lo
mismo que un cajero de un banco no ingresara el dinero que sus clientes
depositan en las cuentas o que un empleador se quedara con las
contribuciones de los trabajadores, que le son descontadas de sus
sueldos; por supuesto en otra magnitud, porque lo que estos señores
robaron fue la bonita suma de ocho mil millones de pesos que, con multas
e intereses, ya llega a los diecisiete mil.

Y con ese dinero claramente ajeno financiaron la alegre compra, entre
muchas otras compañías, de medios de comunicación -como C5N y otros-
para apoyar a los Kirchner políticamente. Era una natural compensación
por los enormes negocios que los patagónicos les habilitaron durante la
década saqueada, donde el juego fue una estrella siempre ascendente.
Ese brutal atraco sólo pudo realizarse con el conocimiento y el permiso
del ¿socio o simple empleado presidencial? Ricardo Echegaray, quien les
otorgó durante años sucesivos e ilegales planes de facilidades que los
cómplices incumplieron con idéntica regularidad.

Para liberarlos y minimizar el delito cometido, Ballestero y Bruglia
sostuvieron que, como los fondos nunca habían llegado a manos de la
DGI, en realidad no era un robo sino un pobre y simple ocultamiento
indebido. Simularon olvidar que no se trataba de plata de estos
"compañeros" sino de la nuestra. El argumento es tan falaz y endeble
que, con toda razón, la Diputada _Lilita _Carrió se preguntó si la
mano de estos jueces no fue untada con billetes por los beneficiados por
el disparate, y ya formuló la correspondiente denuncia para que sea
investigado ese aspecto.

La sociedad entera reaccionó con indignación, ya que está soportando
una presión tributaria sideral, y las redes sociales se poblaron de
"memes" con feroces críticas tanto a los curiosos magistrados cuanto a
los ladrones. Todos sabemos cuánto nos cuesta pagar impuestos, se trate
de ganancias, ingresos brutos, aportes patronales, IVA, combustibles,
cigarrillos, etc., y que estos señores se hayan quedado con ellos, y no
paguen en la cárcel por hacerlo, nos debería resultar francamente
demasiado; es más, no podemos ni debemos tolerarlo sin protestar de
todas las maneras posibles.

Recuerdo que el 5 de agosto de 2017, cuando nos reunimos en Plaza
Lavalle para reclamar a la Corte por Justicia, causamos estupor entre
los jueces. Nunca la corporación judicial se había enfrentado a la
protesta masiva y respetuosa de la ciudadanía y, por un tiempo, se
mostró preocupada por el absoluto descrédito que tiene entre nosotros.
Pero, evidentemente, algunas resoluciones recientes del Consejo de la
Magistratura y fallos como el que comento, muestran que aquella
manifestación no fue suficiente, y eso nos obliga a insistir en
nuestras quejas hasta que obtengamos lo que toda comunidad civilizada se
merece.

¡Miremos a nuestros vecinos y aprendamos de una vez! En Uruguay, el
Vicepresidente Raúl Sendic se vio obligado a renunciar por el
escándalo en ANCAP cuando era la cabeza de la empresa pública; en
Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, está al borde de ir preso por
corrupción y su antecesora, Dilma Rousseff, fue expulsada de la
Presidencia de la República por maquillar las cuentas públicas; en
Perú, cuatro presidentes tienen problemas: Alberto Fujimori y Ollanta
Humala están en prisión, Alejandro Toledo está prófugo y, esta misma
semana, Pedro Pablo Kuzynski debió renunciar acusado de corrupción; y
en Ecuador, el Vicepresidente Jorge Glas está detenido por el _affaire_
Odebrecht, como varios de los nombrados antes. Y en Francia ha sido
procesado nada menos que Nicolas Sarkozy por haber recibido dinero negro
de Muamar el Gadafi para financiar sus campañas electorales.

Observando esa lista de canallas a los que les llegó la hora, ¿no
deberíamos preguntarnos qué nos pasa? ¿No se nos debería caer la
cara de vergüenza por tener como legisladores, como funcionarios y como
jueces a conocidísimos e impunes delincuentes que se protegen
mutuamente? ¿Cómo toleramos que tan pocos, enriquecidos a costa
nuestra, se rían de tantos? Las mansiones, los haras de caballos de
carrera, los autos de lujo, los aviones, las joyas y los viajes por el
mundo los pagamos nosotros, con nuestros excesivos impuestos, con los
hospitales y escuelas que faltan, con la salud en crisis, con la escasez
de viviendas, con las cloacas y el agua potable que no están, con
nuestra cotidiana inseguridad. ¿Y aún así lo soportamos calladamente,
como si no existiera el camino de decencia y progreso que nos enseñaron
nuestros próceres?

¿Es ésta la Argentina que queremos dejar a nuestros hijos y nietos?
Mientras no modifiquemos el rumbo suicida que llevamos desde hace más
de setenta años, seguiremos siendo un país cada vez más inviable, al
cual sólo se arrimarán los saqueadores de toda calaña. Y para torcer
ese desgraciado destino el esencial primer paso es limpiar la Justicia,
desratizarla a fondo, expulsando de ella a quienes no son dignos, sea
por ignorancia, por cobardía, por afán de lucro o por inhabilidad
moral, de juzgar la conducta de los demás y de disponer sobre su
libertad, su honor y su fortuna.

Bs.As., 24 Mar 18

Enrique Guillermo Avogadro
 

Por Dr. Enrique Guillermo Avogadro
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