2018/02/07 Política

UN INFIERNO ALTERNATIVO

Argentina
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"NINGÚN PAÍS QUE ASPIRE A SER DESARROLLADO HOY PUEDE APLICAR UNA POLÍTICA DE PUERTAS CERRADAS. NOSOTROS HEMOS PROBADO ESA AMARGA EXPERIENCIA, Y TAMBIÉN NUESTROS ANTEPASADOS LA HAN PROBADO". DENG XIAOPING

Desde diciembre se ha instalado, entre quienes votaron a Cambiemos en
2015 y 2017, un descontento tan fuerte que ha hecho caer nada menos que
quince puntos la imagen del Presidente de la República, que se había
fortalecido después de las elecciones de medio término. Las razones
para ese cambio de tendencia son varias: la azarosa modificación
previsional, el aumento en los servicios públicos, la persistente
inflación, la frustración de la reforma laboral, la ocupación del
espacio público por la izquierda combativa, la frontal lucha de los
dirigentes sindicales corruptos contra la Justicia, algunas
cancelaciones de contratos de empleados públicos, el crecimiento de la
deuda externa, etc., amén de notorios errores de ciertos funcionarios
que, con razón, dieron pasto a las fieras.

Desde esta columna semanal he sostenido que consideraba su mayor error
no haber desnudado claramente, de cara a la sociedad entera, la magnitud
de la crisis que, cual bombas sembradas en cada uno de los caminos,
había dejado Cristina Elisabet Fernández cuando debió dejar el poder;
ésta, a mi juicio, fue infinitamente más grave que la que soportamos
en el 2001. A ello adjudico la disconformidad de la ciudadanía frente a
la necesidad de ceder supuestos pero perceptibles beneficios que el
kirchnerismo le había otorgado con populista generosidad.

Me refiero, por ejemplo, al acceso indiscriminado a la jubilación de
cuatro millones de personas que no habían efectuado aportes
previsionales; ese disparate -se hubiera podido encontrar una solución
para paliar la extrema necesidad en algunos casos- permitió que
muchísimas señoras de clase media y alta se subieran a la oportunidad,
aunque el importe mensual que perciben no les alcance para pagar una
cena o un vestido; tengo a mi alrededor montones de amigas que se
acogieron a ese privilegio y, supongo, a partir de hoy me dejarán de
querer.

Lo mismo sucede con quienes pagaban por el transporte público el precio
más barato del país y quienes recibían prácticamente gratis el
suministro eléctrico o el gas domiciliario, lo cual los habilitaba a
mantener caliente el agua de sus piscinas y, por supuesto, a pagar mucho
menos para cocinar que sus propias empleadas domésticas que deben, aún
hoy, adquirir las garrafas mentirosas.

La viuda de Kirchner dejó el país con una inflación que superaba el
treinta y ocho por ciento anual, al Banco Central vacío y endeudado a
futuro, y un tercio de los habitantes sumido en la pobreza y en la
miseria extrema. Y eso además de colonizar la administración pública
con más de un millón de empleados superfluos que hoy actúan como
quintacolumnistas.

Sólo esos datos concretos, de por sí, justifican la primigenia
necesidad de Cambiemos de adoptar una política gradualista, porque no
podía abandonar a los más pobres a su suerte ni expulsar de un solo
golpe y hacia un mercado laboral privado inexistente a todos aquellos
que hoy se alimentan de la agotada teta de la vaca Estado. La única
virtud de la administración anterior, no buscada sino impuesta por la
negativa del mundo a prestarle dinero, fue el bajo nivel de
endeudamiento externo; eso permitió al Gobierno encontrar fuera del
país -no hay ahorro interno suficiente- los fondos necesarios para
financiar ese gradualismo, aunque nos vuelva vulnerables y no se pueda
seguir haciéndolo hasta el infinito.

Reconozco que estamos en una situación económica complicadísima, pero
gran parte de ella nos la debemos a nosotros mismos. Basta con pensar
(o, simplemente, ver las fotografías de las repletas playas de Brasil,
Chile y Uruguay) cuántas divisas pierde la Argentina por el turismo
emisivo pero, mucho más grave aún, por la brutal caída de las
exportaciones y la tan remolona inversión directa que no llega desde el
exterior y, tampoco, de nuestros propios industriales que, en cambio,
han reflotado el mercado inmobiliario de Punta del Este y mantienen
afuera los capitales blanqueados.

Todo ello nos obliga a reflexionar. Si la vocación social de modificar
el rumbo suicida que llevábamos, que representan los triunfos
electorales de Cambiemos, no se viera coronada por un crecimiento
económico sostenido, que permitiera reducir la incidencia de la deuda
sobre la economía, sin dudas volvería el populismo más salvaje y
corrupto a hacerse con el poder. Ya en él, se vería enfrentado a la
imposibilidad de recurrir al financiamiento externo y, como consecuencia
directa, comenzaría a emitir moneda sin respaldo alguno, y el país
caería de inmediato en otra hiperinflación.

Porque no podemos soñar imposibles: ¿a quién podría recurrir una
Cristina Fernández reencarnada para cubrir el déficit de ANSES, o para
reponer los subsidios a la energía y al transporte público?, ¿cómo
haría para seguir manteniendo en el Estado a más de un millón de
parásitos?, ¿a qué recursos podría apelar para pagar los sueldos de
los empleados públicos?, ¿aumentaría la ya insoportable presión
impositiva?, ¿volvería a expropiar las ganancias del campo? El
peronismo, parte del cual hoy ha pasado a la resistencia, se limita a
despotricar contra una situación de la que es único responsable y no
ofrece ninguna receta alternativa alguna para justificar su oposición a
las medidas que propone el Gobierno para salir de esta terrible
coyuntura.

Aunque usted y, en cierta medida, yo mismo tengamos reparos contra la
gestión del Presidente y estemos impacientes frente a la demora en
reducir la inflación y el gasto público, debemos formularnos algunas
preguntas elementales: ¿nos parecen iguales Mauricio Macri y Daniel
Scioli, María Eugenia Vidal y _Anímal _Fernández, Gabriela Michetti y
Carlos Zannini, Nicolás Massot y _Cuervo _Larroque, Nicolás Dujovne y
Axel Kiciloff, Carlos Rosenkrantz y Eugenio Zaffaroni?; porque esa es
hoy la opción. Y qué decir del resto de las personas que volverían a
ocuparse de la cosa pública, muchos de cuales hoy se encuentran en la
cárcel o están haciendo fila para ingresar, pero que recuperarían de
inmediato la libertad y la calma por obra y gracia de los volubles
jueces federales.

Pongámoslo en blanco y negro: el kirchnerismo, el trotskismo y lo peor
del corrupto sindicalismo se han juntado para combatir a la Justicia que
pretende, por primera vez en muchísimo tiempo, investigar y castigar a
sus mayores caciques, se llamen Julio De Vido, Máximo Kirchner, Hugo
Moyano, Marcelo Balcedo, _Caballo _Suárez, _Pata_ Medina, Milagro
Salas, Hebe Bonafini, Víctor Santamaría, etc., y con ese único
propósito el tren fantasma que han formado ha convocado a una
manifestación para el jueves 22; arrearán, una vez más, a los obreros
robados para defender a los dirigentes ladrones.

En resumen, ha llegado el momento de elegir definitivamente entre un ya
imposible pasado de imaginado bienestar y un arduo sendero que nos lleva
al futuro, abriéndonos al mundo para convivir y competir seriamente en
él.  Por eso, convoco a todos mis conciudadanos a poner el hombro para
ayudar al Gobierno a superar el aún complicado presente económico y a
apostar a ese nuevo horizonte de estabilidad, crecimiento y
responsabilidad. Si no lo hacemos, si seguimos mirando sólo nuestro
propio y personal interés, nos habremos definitivamente suicidado.

Bs.As., 3 Feb 18

Por Dr. Enrique Guillermo Avogadro
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