2017/12/18 Política

GOLPE, INGENUIDADES Y TRAICIONES

Argentina
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"DESDE 1989 EL PERONISMO DEJÓ DE SER UN PARTIDO O UN MOVIMIENTO PARA CONVERTIRSE, MÁS SENCILLAMENTE, EN LA HERRAMIENTA POLÍTICA DE UN CONJUNTO DE GOBERNANTES

"DESDE 1989 EL PERONISMO DEJÓ DE SER UN PARTIDO O UN MOVIMIENTO PARA
CONVERTIRSE, MÁS SENCILLAMENTE, EN LA HERRAMIENTA POLÍTICA DE UN
CONJUNTO DE GOBERNANTES QUE, CADA UNO EN SU NIVEL, CONSTRUYEN SU PODER
CON RECURSOS DEL ESTADO. ESA NOTABLE MÁQUINA POLÍTICA, ENGROSADA CON
NO POCOS TRÁNSFUGAS, SÓLO SE PREOCUPA POR LA CAJA Y EL PODER". LUIS
ALBERTO ROMERO

El Gobierno está pagando, en la calle, el precio de una notable
ingenuidad: haber silenciado, al comienzo de su gestión, la homérica
crisis que heredó del kirchnerismo, tan eficiente a la hora de quemar
todas las naves disponibles y el país entero con tal de impedir que
explotaran antes del 10 de diciembre de 2015 los miles de minas con las
que había sembrado el terreno económico y social. Nada dijo, cuando
debió hacerlo, de las cajas estatales vaciadas para robar con obras
públicas y hoteleras, de los millones de jubilados sin aporte alguno al
sistema, de los departamentos y campos por todo el país, de las cajas
fuertes llenas de billetes, de las financieras rosadas, de los aviones y
autos de lujo, de los robados subsidios a los trenes y colectivos, de
las cuentas en Seychelles, de la apropiación de empresas y actividades
enteras, de la pérdida del autoabastecimiento energético, .

La razón presunta de tal torpeza también fue de una inocencia grave:
evitar que los inversores se espantaran ante la magnitud del desastre
encontrado; con eso, mostró ignorar que éstos siempre saben todo
acerca del país en el cual planean aumentar su presencia o ingresar.
Las obvias contrapartidas de ese ocultamiento inicial fueron la falta de
percepción de la ciudadanía sobre la realidad y la consecuente
intolerancia social hacia las amargas pero indispensables medidas que,
pese al lógico gradualismo, hubo que adoptar de inmediato.

Otra costosa falta de cintura política fue dejar que los jueces
federales intuyeran que la Casa Rosada prefería a Cristina Elisabet
Fernández en libertad, para utilizarla como permanente _sparring
_electoral y agente disolvente de cualquier tentativa de reunificación
del peronismo, para poder negociar con fracciones de éste y no tener
enfrente a una oposición unida y blindada; el jueves, en torno a sus
fieles, volvieron a reunirse muchos de los perdedores del PJ.

También pecó el Gobierno al confiar en los pactos que firmara con los
gobernadores, por los cuales estos se comprometieron a obtener de sus
diputados una posición favorable a las leyes que el oficialismo -en
realidad, la República- necesita con urgencia, al igual que en los
acuerdos con los líderes gremiales, a los que aflojó vanamente la
bolsa de recursos. Olvidó así el consejo de un viejo militante del PJ,
con la piel curtida en trenzas políticas: _"a nosotros se nos debe
cobrar al contado y pagar en cuotas"._

Y quizás la peor fue no informar con claridad y transparencia a toda la
sociedad en qué consistía el proyecto de reforma previsional, lo cual
habilitó al kirchnerismo, a la izquierda y a los oportunistas de
siempre a montarse sobre la natural inquietud de los jubilados a los
cuales, convengamos, cualquier alteración de sus magros emolumentos
preocupa, y mucho.

Pero, más allá de la ingenuidad, de la torpeza y de la mala
comunicación, lo que Argentina está viviendo en las calles desde que
Mauricio Macri asumiera, y también en el sur del país con el
terrorismo mapuche, es literalmente un golpe de Estado.

Ese golpe no se da solamente en la calle, donde confluyen piqueteros de
todos los colores y nacionalidades (la enorme mayoría de los heridos
del jueves son extranjeros) -pero un único bolsillo- con los grupos
tradicionalmente terroristas de la izquierda radicalizada. Dentro del
recinto de la Cámara de Diputados, el escenario fue mucho peor; se
juntaron para ejercer la violencia y el patoterismo e impedir el
funcionamiento de la democracia, a través de los representantes electos
hace sólo dos meses, los delincuentes preocupados por su libertad, los
ladrones de toda laya, los energúmenos representantes de esa izquierda
petardista y los peores tránsfugas del escenario político; allí
estaban Máximo Kirchner, Agustín Rossi, Leopoldo Moreau, Axel
Kiciloff, Andrés Larroque, Nicolás del Caño, Victoria Donda y las
grandes figuras del massismo.

Todos ellos, con una cara más dura que el cemento, no hesitaron en
interrumpir una sesión legislativa, convocada para tratar la reforma
previsional, invocando el imposible respeto al 82% móvil, esa meta que,
cuando fue alcanzada por ley durante el reinado absoluto de Cristina,
ella vetó sin contemplaciones, mientras falsificaba las estadísticas
nacionales para ocultar la inflación galopante que legó a su sucesor.
Ver a esa facción canalla, que convirtió por más de una década el
Congreso entero en un recinto donde sólo se levantaba la mano para
aprobar sin discusión todos los disparates que sus jefes imaginaban,
hablar de la "dictadura" de Cambiemos, que no tiene mayoría en ninguna
de las cámaras, no hace más que confirmar los peores pronósticos. Y
más repulsivo fue verlos salir luego, exultantes y a carcajadas, por
haber impuesto su voluntad por la fuerza y haber ganado una baza para el
destituyente "club del helicóptero".

Es eso lo que pretenden, que Macri se vaya, y lo conseguirán sin duda
si tanto el Gobierno cuanto los ciudadanos de a pie no lo impedimos, con
toda la fuerza de la Constitución y de la ley. Todos debemos cambiar
nuestra forma de pensar respecto a la seguridad, en especial las
jóvenes generaciones a las cuales el kirchnerismo lavó la cabeza
durante toda su gestión. No podemos permitir un minuto más que los
violentos se apoderen de nuestro país y de nuestras calles, y reprimir
con toda severidad y firmeza a quienes, una vez más, quieren
arrebatarnos el futuro para continuar con el latrocinio miserable que
nos trajo hasta aquí.

El Juez Marcelo Martínez de Giorgi archivó, sin siquiera
investigarlas, las denuncias que formuláramos el Dr. Eduardo San
Emeterio y yo contra Hebe de Bonafini, Estela de Carlotto y las
organizaciones de pseudo derechos humanos por la reinvindicación de la
guerrilla que expresaran en la Plaza de Mayo el 24 de marzo último,
mientras convocaban a echar a Macri de la Presidencia; sostuvo que
pretendíamos limitar la libertad de expresión. Si, a esta altura
estuvieran procesados, tal vez otro ya sería el cantar.

Aplaudo, sin restricción alguna, a la Ministro de Seguridad, Patricia
Bullrich, por la forma en que conduce y respalda a las fuerzas bajo su
mando, y al Presidente Macri por sostenerla contra todas las críticas;
_Lilita _Carrió, a quien mucho respeto, cometió una mayúscula
estupidez el jueves cuando criticó por excesivo el aparato de
disuasión montado en torno al Congreso. Porque eso fue, un anillo de
seguridad para evitar que las hordas de encapuchados, armados con
hondas, palos, piedras y bombas molotov pudieran llegar al edificio
legislativo, mientras los efectivos que lo conformaron sufrían todo
tipo de agresiones; si estos mismos terroristas intentaran acciones
similares en Cuba, Venezuela, Bolivia, Rusia o Irán, recibirían algo
mucho más definitivo que balas de goma y gas pimienta.

Diciembre es, tradicionalmente, un mes de protestas y piquetes, pero
ahora estamos presenciando una gimnasia subversiva y destituyente que,
como siempre, busca obtener muertos para usarlos como ariete contra la
República. Raúl Sendic, fundador de los Tupamaros, sostenía que
había que golpear sin descanso a la democracia burguesa hasta que ésta
se hartara y reprimiera, mostrando así al enano fascista que todas
llevan dentro. Eso, nos guste o no, es lo que tenemos servido en la mesa
de fin de año; espero que sepamos lidiar con ello.
 

Por Dr. Enrique Guillermo Avogadro
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