2017/06/12 Política

CRISTINA O ARGENTINA

Argentina
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Nuestro país ha cambiado. Ya no tomamos las elecciones para mirar por la ventana a ver quién consigue más votos.

 Nuestro país ha cambiado. Ya no tomamos las elecciones para mirar por la ventana a ver quién consigue más votos. Todo lo contrario, sabemos que en cada elección está en juego nuestro estilo de vida, nuestros valores éticos y nuestra pertenencia a la Cultura occidental. El espíritu del primero de Abril está vivo e irá por lo suyo. Para ello la lectura partidaria no sirve, nuestros políticos se mueven en el cortísimo plazo tras sus objetivos como partes, de espaldas al conjunto, que es la Nación. Se han convertido en alcahuetes del statu quo, evitan discutir sobre temas objetivos como la dimensión del Estado, prefiriendo el personalismo. No trabajan en el Congreso y tampoco envían sus proyectos al mismo. No son representantes del pueblo, ya que solo representan al jefe partidario que los incluyó en la lista de cargos. No acceden a lo trascendente, administran lo fútil y mediático, lo popular a nivel de intendencia. Ningún amontonamiento de votos es un proyecto de nación. La Nación les queda grande, hacen la partidocracia abandonando a la democracia que los parió. Los independientes miramos lo que permanece y lo que tenemos que erradicar para despejar el futuro, desde el punto de vista del conjunto, nunca desde el egoísmo mediocre de las partes. Nuestra miseria partidaria es un colador roto, insuficiente para filtrar una elección diluida en nuestra liquidez electoralista: Es Cristina o Argentina. Argentina vs. Cristina Cristina representa el odio al prójimo, la grieta, el resentimiento frente a cualquiera con éxito y el apoyo a toda forma de corrupción, considera a ésta como acceso válido al poder. Su poder es su corrupción. Cristina significa la destrucción de nuestra moneda, siguiendo la lógica de Lenin, aunque con adoración a su riqueza personal. Representa el uso del Estado con fines políticos, como el avasallamiento de sus críticos, empezando por la prensa libre e impidiendo la libertad de expresión. Es quintaesencia de la compra de jueces, del manipuleo de la justicia y reina de la traición a la patria. Cristinismo es chavismo. Es verduga totalitaria de nuestra clase media independiente. Todo argentino responsable la quiere presa, porque su ejemplo es aval a la demagogia, al uso de incultos y engaño popular. Todos sabemos que ella es egocentrismo mesiánico sin realismo y tendrá que responder por los acuerdos con Irán más la muerte de nuestro mejor fiscal, uno íntegro y digno. Cristina representa la derrota Argentina, ante nos y nuestros hijos, ante el mundo. Por eso nos dirigimos al peronismo El peronismo fue un partido enorme de la Argentina, ya no lo es por su permanente ambigüedad, división interna y pérdida de identidad, pero sin dudas puede volver a serlo. Hoy, no está en condiciones de discutir el poder, no tiene propuesta. Y nunca lo estará si abraza causas perdidas y agotadas como la continuidad de Cristina. Peor cuando la Justicia la requiere a diario y ella burla al justicialismo. Un apoyo del peronismo a su candidatura tendría consecuencias irreversibles para su identidad. Quedará asociado al atraso cultural, a la manipulación caudillista de personajes oscuros y comprables, a odiadores seriales, a la asociación con terroristas resentidos con la cultura europea, de la que somos parte. Nos haría socios de la Nada populista, mundialmente desprestigiada. ¿Quiénes seríamos sino parias detrás de un cristinismo avalado por el peronismo? ¿Por qué el partido de los trabajadores tiene que ser el partido de los corruptos? ¿Porque abandonar la magnífica tradición de construir dignidad a partir del trabajo? ¿Por qué los sindicatos peronistas tienen que arrastrarse hacia una mujer desquiciada y mesiánica? ¿Acaso no los traicionó repetidas veces, por sus celos enfermizos de poder? ¿A dónde puede terminar un partido histórico y digno si marcha debajo de polleras sucias, viejas y mal usadas? No nos estamos abonando a Florencio Randazzo y Julián Domínguez, estamos diciendo que así como Massa entendió que debía romper con la locura cristinista, ellos lo van entendiendo con clara ventaja: carecen de soberbia. Oponen elecciones internas a una cadena de mando verticalista. Ellos y varios gobernadores peronistas están para sentarse en la mesa del largo plazo, Cristina está para el olvido, Massa para mirarse en el espejo. Cristina es la humillación del peronismo. Es su trampera, y los independientes seremos felices cuando haya sido expulsada. No queremos un peronismo convertido en cueva de corruptos por poder, lo queremos limpio y lúcido, que Dios los ilumine y los vuelva al camino del Trabajo y el estudio, que es el de la Nación. Y entonces, ya en ese camino sobrio, austero y verdadero, llegará el momento equilibrante de acordar entre todos, de reconstruir las columnas de una sociedad abierta y competitiva, guiada por el conocimiento y la ética del respeto mutuo. Para mal de ninguno y gloria de la Nación.

Por Ing. Carlos Lanusse
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