2017/06/12 Política

¡A LA CALLE POR JUSTICIA!

Argentina
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"NO TUERZAS EL DERECHO; NO HAGAS ACEPCIÓN DE PERSONAS, NI TOMES SOBORNO; PORQUE EL SOBORNO CIEGA LOS OJOS DE LOS SABIOS, Y PERVIERTE LAS PALABRAS DE LOS JUSTOS. LA JUSTICIA, LA JUSTICIA SEGUIRÁS, PARA QUE VIVAS Y HEREDES LA TIERRA QUE JEHOVÁ TU DIOS TE DA

Como sociedad nos hemos hundido en una inmunda y maloliente ciénaga
moral de la que todos, por acción u omisión, somos culpables, claro
que en diferente grado. Resulta incomparable la responsabilidad que le
cabe a quien entrega su documento de identidad -que permitirá el robo
de su voto- a cambio de dádivas para poder simplemente alimentar a su
familia, y la del empresario que paga una coima -que siempre cargará al
precio del contrato- para obtener ventajas indebidas o la del
funcionario que la recibe.

También somos culpables quienes aceptamos mansamente que todo esto
continúe ocurriendo en nuestro país, mientras miramos indiferentes
cómo continúan en libertad tantos personajes acusados de delitos no
excarcelables, comprometidos por infinidad de pruebas que intentan
adulterar, exhiben impúdicamente sus riquezas mal habidas y se ríen a
carcajadas de sus conciudadanos, a muchos de los cuales han llevado a la
pobreza más extrema con sus latrocinios.

La reciente muerte de Aldo Ducler ha hecho revivir la memoria de los
monumentales desfalcos de los que hemos sido objeto: YPF, los fondos de
Santa Cruz, IBM, Siemens, Skanska, Sueños Compartidos, trenes, aviones,
gasoductos, centrales nucleares, represas, puentes, caminos, viviendas,
escuelas, hospitales, hoteles, cloacas, agua potable, Ciccone, PAMI,
IOMA, ANSES, AFJP's, indemnizaciones a terroristas, remedios "truchos",
universidades, pesca, oro, el Instituto del Cine, contratos de dólar
futuro, Odebrecht. British Petroleum y miles de etcéteras.

Sólo la decisión de Néstor Kirchner, explicada hace muchísimos años
por tantos analistas (incluyendo a quien esto escribe) de robarse el 25%
de la petrolera fue la causa mayor de nuestros males, comenzando por la
inflación y el gigantesco déficit público. La caída en la
producción y en la prospección de hidrocarburos obligó a la masiva
importación de gas (otro brutal negociado) y se llevó las pocas
reservas del Banco Central que se habían salvado de la depredación.

Los ciudadanos hemos permitido calladamente que, desde hace décadas,
quienes deben administrar justicia en nuestro país sean elegidos por
favores del poder de turno, y los jueces los devuelven con el permanente
"cajoneo" de las causas que le resultan sensibles. Como verdaderas aves
de presa, se han posado en el tejado de Comodoro Py y, desde allí,
husmean el aire pútrido en busca de nuevas víctimas mientras protegen
a los depredadores.

Pero no se trata sólo del fuero federal; los males afectan también a
la Justicia ordinaria, como lo prueba el avance de la inseguridad
cotidiana, sobre todo en los conurbanos de todo el país. Violadores,
asesinos, narcotraficantes campean a sus anchas y se llevan la vida de
hombres, mujeres y niños, en crímenes cada vez más violentos y
salvajes.

Por delitos infinitamente menos graves que los comprobadamente cometidos
por Cristina, Máximo y Florencia Kirchner, Lázaro Báez y sus hijos,
Amado Boudou y sus testaferros, las hijas del "Bombón" Mercado, Julio
de Vido, Cristóbal López y De Souza, Insfrán, Fellner, Alperovich,
Capitanich, Aníbal Fernández, los Eskenazi, Ferreyra y
Electroingeniería, y tantos otros, nuestras cárceles están repletas
de presos; sin embargo, estos figurones, directamente responsables de la
miseria que afecta a más del 30% de los argentinos y de la muerte por
inanición de tantos chicos, disfrutan de una libertad que ya se ha
transformado en un cachetazo en la cara de la sociedad entera.

Por eso -no por venganza sino por legítima defensa- debemos convertir
el viento, que sin duda ha borneado, en un fuerte huracán que barra, de
una buena vez, con tantos magistrados indignos de ocupar sus cargos y
purifique el fétido olor que emana de nuestros tribunales. Cuando digo
que debemos hacerlo en defensa propia, no me refiero sólo a impedir que
estos malandras continúen decidiendo sobre nuestra libertad, nuestra
honra y nuestro patrimonio, sino también a la necesidad que, como
país, tenemos de contar con un Poder Judicial serio, preparado,
independiente y rápido.

Porque está visto que, hasta que ese verdadero milagro se produzca, no
podemos esperar que llegue a nuestras playas el aluvión de inversiones,
siempre anunciado y nunca concretado. Sin él, no nos resultará posible
convertirnos en un país desarrollado y próspero, condenándonos a
subsistir en esta insignificancia que tantos esfuerzos nos costó
conseguir.

Es cierto que, desde diciembre de 2015, el gobierno de Cambiemos nos ha
reinsertado en la vidriera global, y hemos visto por aquí a los
máximos líderes mundiales mientras, a la vez, Mauricio Macri ha
visitado a las naciones más importantes; se han firmado centenares de
acuerdos bilaterales, pero no se concretarán mientras los potenciales
inversores, sean propios o extraños, no confíen en que, en caso de
conflicto, nuestros jueces fallarán conforme a derecho y no, como
sucede hoy, según sus propios intereses o los de sus mandantes
políticos o empresariales. Usted mismo, querido lector, ¿pondría un
dólar en un país cuyo Congreso dicta leyes, y el Poder Judicial las
aplica, con efecto retroactivo?

Un pequeño paréntesis: no puedo imaginar a Mauricio Macri en actos de
homenaje a los asesinos "malos" de Manchester, Londres, Paris, Niza,
Nueva York, Orlando, Bogotá, San Sebastián o Madrid y, por eso, me
parece insólito que el protocolo oficial argentino haya llevado a
Angela Merkel, Barak Obama y François Hollande, entre otros, a visitar
el "Parque de la Memoria-Tuerta" y llorar por los terroristas "buenos",
tan premiados ellos con cargos y dólares.

Porque no debemos olvidar, por ejemplo, que una bomba de Montoneros, en
el comedor de una dependencia policial, mató a 23 personas e hirió a
más de 60, o que otra, colocada en un avión por el ERP, asesinó a
decenas de gendarmes. Y tampoco debemos hacerlo con las más de 17000
víctimas civiles de esos mismos "jóvenes idealistas", que nunca fueron
siquiera reconocidas por el Estado. ¿A qué extremos de hipocresía nos
llevará el discurso "políticamente correcto"?

Para regresar a la necesidad de contar con un Poder Judicial como Dios
manda, insisto en que la ciudadanía debe tomar el problema entre sus
manos, como lo hace día a día en Venezuela y Brasil, pese a que esas
verdaderas multitudes han obtenido tan disímiles respuestas. Basta
recordar que un Juez federal con asiento en Curitiba, Estado de Paraná,
se ha convertido en la figura pública más popular entre nuestros
vecinos, que están dispuestos a blindarlo frente a los avances de los
poderosos.

No esperemos que nuestros ¿honorables? legisladores asuman como propia
esa tarea porque, si lo hicieran, muchos de ellos mismos terminarían
presos, ya que han convertido al Congreso en un verdadero aguantadero,
como lo demuestra la desesperada lucha por integrar las listas
partidarias en pos de fueros, cuyo verdadero objetivo también hemos
deformado.

La semana pasada propuse a mis colegas que asumieran la heroica actitud
de denunciar a los jueces y fiscales que incurran en faltas graves en el
ejercicio de sus magistraturas, aunque aclaré que no tenía demasiada
confianza en la aceptación de esa sugerencia. También propuse, y hoy
insisto, que todos los ciudadanos, en una concentración tan masiva como
fue la del 1° de abril y replicada en todo el país, manifestáramos
pacíficamente nuestro hartazgo.

No permitamos más que cuatro o cinco cretinos, hijos de mala madre,
hipotequen nuestro futuro y el de nuestros descendientes. Salgamos a
gritar, bien fuerte y remedando a Gabriel Celaya, "_¡A la calle!, que
ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos
algo nuevo"._
 

Por Dr. Enrique Guillermo Avogadro
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