2018/02/27 Economía

El gobierno se fuga de la economía con audacias de riesgo

Argentina
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Sorpresa. Mauricio Macri habilitó la discusión legislativa del aborto. Sería otra manera de dividir a la oposición. Sin embargo, también se corre el riesgo de fracturar a la tropa propia. Antecedentes de maniobras similares.

El Gobierno ha tenido tiempo en los meses del receso de medir cuánto le reporta el tema de la economía en el debate del futuro que se viene. La oposición ha montado su discurso en la impugnación del rumbo económico, y no le bastó ganar las elecciones legislativas de octubre. Tampoco le ha servido en los últimos meses para darle espesura a algún movimiento que unifique a los partidos entre los que está dividida. La prueba es la marcha de Moyano y sus aliados de ocasión, que para el Gobierno fue: 1) modesta en número; 2) tibia en el discurso de rechazo; 3) sin futuro, porque desnudó a un Moyano aislado de sus aliados sindicales. A la misma hora cuando el sindicalista alardeaba de su capacidad genital de defenderse —¿a quién le hablaba de su virilidad? ¿A los jueces, a Macri?— el presidente les explicaba en Olivos a la delegación de radicales que encabezó Alfredo Cornejo, que todos los indicadores de la economía dan para arriba: “Hay que salir del discurso de la resignación y mirar los números”, les dijo. Era un llamado a desenganchar la política de la economía, porque ésta anda bien, o por lo menos lo mejor que se puede. En el fondo, una apuesta por la hipótesis de que la gente vota por la política, es decir el futuro que vislumbra, no por la economía. Nadie vota contra sus propios intereses, pero no siempre los intereses propios son los del bolsillo. Y si lo son, es sostenible que las herramientas para manejarlos las da la política y no la economía.

El aborto, el cisne negro del año electoral

El Gobierno tiene asumido que la agenda económica ha dado todo lo que ha podido para afirmarlo en la pelea por el futuro. Maneja las respuestas a la crisis heredada y no heredada, y conoce que los tiempos son poco controlables. Mientras, el frente opositor que busca, como una patrulla perdida, a un jefe y un programa, concentra el fuego en la economía. Para responder a esa demanda apuesta ahora a meterle política a la agenda. De ahí los frentes que abrió la oposición en las últimas horas para recuperar iniciativa ante lo que se ha visto en la calle. Eso explica la audacia del Gobierno al consentir un debate sobre el aborto, que tiene todos los riesgos de las fugas hacia adelante. Un gobierno de centro moderado como éste nunca tendría una iniciativa propia para el aborto. Lo consiente porque es un issue que divide a todos los partidos y sectores de la vida pública. Esta división beneficia a quien gobierna, pero puede, como toda explosión controlada, volverse en contra de quien la habilitó. El aborto puede ser el cisne negro de unas elecciones para las que el Gobierno se siente en las mejores condiciones para ganar. Ir al debate creyendo en el medro de dividir al adversario es un riesgo porque también te va a dividir a vos y podés terminar pagando vos un costo que creías iba a pagar el de enfrente. De ahí el encanto audaz de la movida, que puede darle evoluciones insospechadas.

Reflotan el método Kirchner de desafiar con proyectos vergonzantes

La decisión estratégica de arrastrar al adversario a discutir una iniciativa ajena pero que se sabe divide al otro es la misma que usó el peronismo durante los doce años Kirchner. Ese gobierno nació como una formación de minoría que debía hacer músculo aprovechando fuerzas ajenas. Por eso montó su agenda legislativa usando proyectos que no eran del peronismo sino de la oposición radical. ¿Quién quería estatizar las jubilaciones? Los radicales, porque las había privatizado el peronismo. ¿Quién quería estatizar YPF? Los radicales, porque la había privatizado el peronismo ¿Quién hizo la primera versión de la ley de medios? Los radicales de Gustavo López para el gobierno radical de la Rúa, que hizo también la primera versión de una ley de PASO obligatorias. El matrimonio Kirchner usó esos proyectos para enfrentar a la oposición que no podía rechazarlos sin vergüenza y sí podía dividirlos. Es lo que ahora busca este gobierno, en la fuga hacia adelante, abriendo otro proyecto ajeno, como el aborto.

Otros triunfos pasajeros: frenar a Cristina en la mesa del Senado

Hacer política paga, aunque tenga menos brillo y menos prestigio que la economía. Y premia a los más capaces. Se probó en varios rounds de la semana que pasó. Lo más estridente fue el fruto del bordado fino de Federico Pinedo sobre la senadora fueguina Miriam Ruth Boyadjian, del Movimiento Popular de esa provincia, que se sumó al interbloque del oficialismo. Con eso logró que Cambiemos empate en 25 bancas al peronismo de Miguel Pichetto y sea también primera minoría. La política produce rarezas, como ésta de un senador con empate en quien es minoría. Algo invalorable para un partido que venía de una minoría extrema en la legislatura anterior. También ha sido política pura el acuerdo para que el bloque cristinista que preside Marcelo Fuentes, que en esa cámara presente un nombre para la vicepresidencia que le toca, pero que no sea Cristina de Kirchner. Si no es ella, que pongan a quien quieran. Si insisten en la ex presidente, le sacan ese cargo al bloque, y listo. Política pura. Después venime a hablar de economía.

El peronismo ahora admite discutir una reforma electoral

Lo más importante, aunque invisible a los ojos, salvo que haya una lupa hábil, fue otro acuerdo no escrito que alcanzaron en el Senado el oficialismo y el peronismo para que la oposición admita una reforma electoral con uso de la boleta única en papel. En diciembre de 2016 esa reforma había caído en llamas en el Senado, por la insistencia del Gobierno en usar alguna forma de voto electrónico. El peronismo hizo caer todas las promesas que habían hecho los gobernadores de avanzar en cambios en el sistema del voto. Fue en el fragor de la lucha por la modificación del impuesto a las ganancias que el Gobierno debió negociar ante un peronismo que había logrado unir a todos los sectores, incluyendo al de Sergio Massa y al del justicialismo del grupo Bossio. En las charlas que hubo en la semana en el Senado, entre Pinedo, Miguel Pichetto y Marcelo Fuentes, la oposición admitió la boleta única en papel como una posibilidad. Sepulta el voto electrónico, que pierde adeptos cada día más y rescata la experiencia de Santa Fe y Córdoba. Ese método ofrece a todos los candidatos en una misma nómina, a veces separando categorías, y el elector elige y pone el papel en la urna. El conteo y la transmisión de los datos se hacen de manera tradicional y permite controles por personas y no por máquinas. Que el peronismo quiera discutir una reforma es un logro político inconmensurable para el Gobierno. Termina de quebrar la trinchera del peronismo que se aferra a lo viejo. Pero también rescata la boleta papel que necesita Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, con María Eugenia Vidal en tipografía grande, para mejorar la elección de 2019.

Menem también planteó el debate para dividir a la oposición

Uno de los activos más poderosos de Cambiemos es la fragmentación de la oposición. El peronismo dividido es la clave para que prospere electoralmente en 2019, cuando Macri se propondrá para un segundo mandato. Para lograrlo cuenta con un liderazgo indiscutido en Macri, un programa más menos compartido en materia política y económica, y poder territorial en los siete distritos con más votos del país, salvo Tucumán. Para sostener esa primacía, ¿qué mejor que un tema que divide a todos —insistimos— como el aborto? Promover el debate parece dictado por cualquier manual de campaña. Ya lo hizo hace 25 años Menem, cuando avanzó en leyes para rechazar cualquier forma de aborto sabiendo que el debate dividiría a la oposición de entonces, manejada por el radicalismo. El pico más alto fue en la convención de 1994 que reformó la Constitución. En el debate de los capítulos de derechos y garantías, Rodolfo Barra, que era convencional, llegó a proponer la prohibición constitucional no sólo del aborto sino hasta del uso de ingenios anticonceptivos como el DIU. No prosperó cuando su compañero de bancada, Antonio Cafiero, lo enfrentó en una reunión de bloque y le preguntó: “Dr. Barra, ¿cuántos hijos tiene usted?” “Dos hijas”, respondió Barra. Cafiero retrucó: “Yo tengo diez hijos, eso me da autoridad para decirle que su proyecto no va”. También se cayó una segunda versión de la prohibición del aborto que intentó negociar Eduardo Bauzá—secretario de la presidencia— ante Raúl Alfonsín. Fue una reunión privadísima con pocos asistentes —Eduardo Menem, Augusto Alasino, Jorge Yoma, Eduardo Valdés, Carlos Corach— en la cual Bauzá dijo que el bloque peronista iba a presentar un proyecto en contra del aborto. Fue en una de las oficinas del Paraninfo de la Universidad de Santa Fe, en donde sesionaba la convención. Alfonsín respondió: “A mí no me van a romper el bloque con un proyecto así. De eso nunca hablamos antes. Si lo hacen, me levanto y me llevo el bloque del recinto y se quedan sin reforma”.

Por IgnacioZuleta
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Comentarios

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